MM3 – FASE II. Residencia de escucha y creación

En diciembre de 2022, el equipo artístico de Músicas memorables III (Christian Fernández Mirón con la incorporación de MANS O y Anna Ferrer, aquí sus biografías) se reunió durante tres semanas en Planta Alta, el espacio de residencias artísticas de la asociación hablarenarte. Tras la fase anterior –laboratorios de tradición oral en Lleida, Girona, Tarragona y Barcelona– donde Christian recogió testimonios y cantos de cada grupo de mayores participante, era el momento de que las dos nuevas incorporaciones escuchasen las grabaciones, leyesen las guías de escucha y familiarizarnos con el material para trazar, como trío, líneas de interés y conexiones entre las distintas ciudades y participantes.

Una de las guías de escucha con sus códigos de tiempo, testimonios y cantos. Las anotaciones compartidas nos permiten ir ordenando ideas.

Este trabajo de escucha nos llevó a destacar aquello que nos llamaba la atención, a dejarnos notas y señalar repeticiones, géneros y formatos musicales importantes, temas y anécdotas que unían o separaban a los grupos de mayores. Al juntarnos en la residencia con el material revisado, empezamos a abordar cada bloque temático que Anna dividió por categorías:
habaneras, sardanas y corales;
pasado y presente,
cine y radio,
sexo y miedo,
iglesia y dictadura,
tradiciones y fiestas,
lengua,
género y LGTBI+,
historias de vida, o love stories.

A partir de estas categorías, fuimos armando los temas y la narrativa del repertorio (tanto para el directo que llevar a escena durante la gira, como para las grabaciones que quedarán archivadas para la posteridad). Pulimos una metodología heredada de las dos ediciones anteriores de Músicas memorables, en las que trabajé con Sole Parody y Julián Mayorga (aquí los registros, para quien tenga curiosidad). Siguiendo nuestras propias intuiciones, navegando acuerdos y desacuerdos, y es que montar un trío artístico ad hoc no es tarea fácil. Tiene que haber sensibilidades comunes y estéticas compartidas, pero sobre todo un deseo de experimentar juntes y aprender unes de otres. Trabajar con Anna y Roman fue maravilloso e inspirador. Compartían una energía luminosa y proponían siempre ideas que nos ayudaban a traer el repertorio hacia la contemporaneidad, sin miedo a arriesgar ni tenerle al material un «respeto» paralizante. Incorporar diferentes visiones artísticas posibilita aproximaciones diversas al proyecto, así como nuevas sonoridades. Incluso hubo algún momento –no los suficientes– para la vida al margen del trabajo, y es que una nueva vida asomaba la cabeza. Eran mis primeros meses de conciliación familiar y malabares como padre adoptivo. Entre sesión y sesión de trabajo, disfrutamos una tarde de suelo y ruidos sin sentido con una pequeña visita.

Junto a hablarenarte, cocreadores del proyecto, habíamos tomado la decisión acertada: trabajar en esta edición con dos artistas catalanoparlantes, conocedores del territorio y su idiosincrasia. Nos reafirmamos en esta decisión, y en que fuesen dos tercios y yo –el foráneo– uno para esta ocasión. Con la calma de la escucha –tras los laboratorios, que son un tornado– pudimos situar y entender ciertos momentos de conversación, de encuentro y desencuentro entre participantes, de los matices que requiere lo complejo. La dificultad de elegir (y la sensibilidad necesaria para abordar) temas como el independentismo o la lengua catalana en el panorama político actual fueron retos importantes, y como artistas no quisimos huir de esta responsabilidad sino contribuir desde el amor a la diversidad cultural que entronca este proyecto. Al igual que en los laboratorios, el encuentro entre tradición y contemporaneidad, entre generaciones de mayores y jóvenes, produce una riqueza importante de atender y de honrar. Las fricciones y las dudas pueden ser parte de esa riqueza. Por ejemplo, decidimos que el movimiento cultural que supuso La nova cançó, tan importante como hito identitario para algunes de les participantes, fuera interpretado por los grupos de mayores en el directo, en lugar de por nuestro trío, debatiendo sobre si versionar una canción como La estaca podía ser interesante, algo que desde mi punto de vista como madrileño no había sabido sopesar. No sabía lo suficiente sobre Cataluña, y estos meses de inmersión me han enseñado apenas la punta del iceberg. Sí sé que siempre que queremos hablar sobre un tema sensible, se debe abordar con las personas que son atravesadas por el mismo. Nada sobre nosotres sin nosotres, como reza la proclama popularizada por el activismo tullido.

Durante aquellas semanas, avanzamos con nuestro repertorio de versiones, variaciones y composiciones inéditas. Este último tipo de material trataba aquellas temáticas que claramente importaban a los grupos, pero que no contaban con músicas asociadas o existentes… por ejemplo, las experiencias de violencia de género que se compartieron durante los laboratorios, clamando ser relatadas, precisamente por su invisibilización histórica. Para lo que llamamos versiones, nos propusimos elegir canciones representativas de cada uno de los cuatro grupos y ciudades, bien fuera por su conexión geográfica (por ejemplo, las habaneras, entre las que destacaba El meu avi, o la música litúrgica y la tradición coral con El virolai, resonaban en todo el territorio catalán), la nostalgia generacional (baladas de Antonio Machín o Jorge Sepúlveda, repitiéndose Angelitos negros y Muñequita linda como claros hitos de su imaginario, aunque como suele suceder con lo que es muy popular, la mayoría desconocía sus interesantes significados originales) o los recuerdos de infancia y las músicas de juego (puñados de canciones infantiles se repetían y se agolpaban fragmentadas, claramente grabadas en sus memorias: El gegant del pi, La font del gat, Senyor Ramón, Patim patam, La castanyera, La masovera, etc). Precisamente con estas últimas quisimos generar un ejemplo del tercer tipo de material, que llamamos variación, rindiendo además un homenaje al característico ritmo de la sardana, típica de Cataluña.

Trabajando con MANS O y Anna Ferrer en Planta Alta, espacio de residencias de hablarenarte.

Músicas memorables no tiene pretensiones de objetividad. Busca reflejar precisamente el crisol de subjetividades de las personas participantes, todas nosotras, tan parcial como personal. De ahí que decidiésemos dar suma importancia a los testimonios, tan valiosos como los momentos musicales. Las selección de narraciones que editamos, mezclando ciudades y voces para dar pie a un collage anónimo y coral, formaron el 50% del repertorio que produjimos en la residencia, teniendo un lugar más protagónico que en las ediciones previas. Incluso entretejimos distintos testimonios en algunas de las piezas que desarrollamos, aprovechando las posibilidades de composición/edición paralela que nos brindaba el estudio casero montado en Planta Alta, el espacio de residencias de hablarenarte. Esto también nos llevó a desnudar la instrumentación para concentrarnos en la belleza y versatilidad de la producción electrónica de MANS O, en combinación con las voces eclécticas de Anna y Christian, a su vez liberando nuestras manos y llevándonos a idear una puesta en escena más performativa que pudiese acompañar los diferentes capítulos en escena. Mientras experimentábamos, componíamos y arreglábamos, imaginábamos cómo podría ser esa próxima gira primaveral. Pensábamos en movimiento y gestualidad, en posibilidades escénicas y escenográficas que hasta ahora no habían formado parte de Músicas memorables. Cada edición abre nuevas posibilidades y nuevas preguntas.

Tras la residencia que cerraría el año 2022, continuamos con algo de trabajo a distancia (terminar de destilar narraciones y cantos, escribir esta bitácora, planificar la gira…). En la siguiente fase, unos meses más adelante, nos tocaría reunirnos de nuevo para ensayar lo compuesto, definir la puesta en escena de la gira en Barcelona, paso previo a viajar a las cuatro ciudades y (re)encontrarnos con cada grupo de mayores para compartir lo escuchado y lo creado, y elucubrar nuestra colaboración con el grupo en cada una de las cuatro únicas presentaciones públicas.

— Christian Fernández Mirón

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