Músicas memorables III arrancó, tras muchos preparativos, en noviembre de 2022 con los Laboratorios de tradición oral en Lleida, Girona, Tarragona y Barcelona tras un un largo proceso de mapeo demográfico y búsqueda de las asociaciones colaboradoras que realizamos conjuntamente con hablarenarte. Las cuatro ciudades de esta edición dedicada a Cataluña recogieron a cuatro nuevos grupos de personas mayores, con quienes compartí varias tardes charlando, cantando y recordando, cuaderno de notas y grabadora de audio en mano. A continuación, relato un resumen de lo vivido y aprendido en cada ciudad/laboratorio. Mientras lees, puedes escuchar algunas de las canciones que surgieron en Cataluña, aquí:
I. Lleida. El caliu y el cançoner

Me gusta empezar los laboratorios preguntando al grupo por sus propias definiciones de músicas memorables. ¿Qué son, qué podrían ser? En sus devoluciones hay una riqueza y una diversidad que permite conocer sus intereses como comunidad y empezar a tirar del hilo. De entre 65 y 91 años de edad, las diecisiete participantes venían sobre todo de Sempre Acompanyats —programa de Fundació “la Caixa” que trabaja conjuntamente con Creu Roja (Cruz Roja) y en convenio con el Ayuntamiento de Lleida— dedicado a acompañar a personas en situación de soledad no deseada. Fueron invitadas por nuestra aliada, la educadora social Anna Gisbert. Gracias a su generosidad y voluntad, su poder de convocatoria desde la cercanía y su ayuda con algunos momentos de traducción, pasamos tres tardes encantadoras en el espacio de Creu Roja y Llar la Mariola. Una de las dificultades de proyectos de este tipo es llegar hasta las personas adecuadas y que se comprometan a asistir a los encuentros, sobre todo teniendo en cuenta la agenda social ¡y médica! de las personas mayores. Por eso se agradece tanto que nos pongan facilidades y recibir el caliu (esa especie de arropo familiar) del que nos habló Anna.
¿Antes se cantaba más? Las participantes enseguida recurrieron a canciones de su infancia, de rueda y de comba; a las nanas, a las de fregar, a los boleros y las sardanas. De Jaén a París pasando por Lleida, atesoraban recuerdos y melodías del Dúo Dinámico, Orquesta Topolino, Bonet de San Pedro, Eurovisión o los Beatles. No entendían las letras de este último grupo, pero les encantaban. ¿Y qué es entender, les pregunté, cuántas formas hay de entender? Hablamos de si se podía disfrutar la música sin saber, de escuchar y de cantar con el corazón. Hubo momentos bonitos y momentos tristes, como cuando recordamos a seres queridos que habían fallecido. Se hicieron muy patentes los estragos de la pandemia de covid-19 en la población mayor, especialmente afectada e invisibilizada. Ser viudas, ser cuidadoras principales de maridos o padres, estar al cargo de personas dependientes, la soledad no deseada, el tener o no ganas (o fuerzas) para cantar. Aparecen siempre diferencias generacionales en momentos emocionales como el llorar en público, o el compartir nuestro malestar. Aún estoy aprendiendo a no forzar estas conversaciones, a respetar esos silencios y a equilibrar la pena y la alegría, como intento equilibrar también el habla y el canto. Si en un laboratorio de tradición oral llevamos mucho rato hablando, ¡hay que cantar más! Mi rol es facilitar un espacio de confianza, proponer y dinamizar, preguntar e ir conduciendo a través de diferentes temas, pero sobre todo escuchar y cuidar del buen ambiente que es lo que les ha traído hasta aquí. La migración y la lengua no tardaron en aparecer, habiendo personas de origen andaluz o gallego en el grupo y sus círculos. Nos preguntamos quién hablaba catalán, quién no y por qué. Siendo una de las lenguas prohibidas durante la dictadura franquista, me hablaron de calles cuyo nombre había sido cambiado, experiencias de discriminación («ya llegan los perros»), de dolor pero también la semilla de un movimiento identitario que atravesaría su cultura musical con voces como las de Raimon, Guillermina Mota, Joan Manuel Serrat, Els Setze Jutges y el movimiento de la Nova Cançó. Anécdotas de la Sección Femenina y la mili, las canastillas, la cátedra de educación física de Montse por los pueblos en coche. A menudo surgía del propio grupo la pregunta de si eran más felices antes, que ahora. La mayoría estaban de acuerdo en que «volverían atrás sin pestañear». Pensé en su percepción del tiempo y la mía (con la mitad de años), y reflexioné sobre el desarrollo de la memoria crítica en mis paseos diarios junto al río Segre y los nocturnos por la fortificación del Turó de la Seu Vella. Recordaban con claridad la violencia y el adoctrinamiento religioso, y reconocían cómo los roles de género, antes y ahora, habían cambiado. El baile agarrado es uno de mis temas preferidos, ¿qué músicas se usaban para ligar? Una conversación que me impactó fue en torno al miedo al embarazo. «Pensábamos que con un beso, ya quedabas embarazada». Una chica convencida de que no podía transportarse en bicicleta si había subido un chico antes. Se reían con ternura recordando su inocencia, que no ignorancia («mira si éramos inocentes»), y yo escuchaba intentando comprender su falta de ira ante aquellas injusticias. La desinformación sexual y los tabúes de la época parecían haber sido una herramienta de control social, pero no lo recordaban con rabia sino con ternura, no se consideraban ignorantes sino inocentes. Tal vez fueron eso, víctimas inocentes, y esa era la manera adecuada de recordarlo. Antes de despedirnos el último día, Anna nos obsequió con un cançoner (cancionero) impreso para cada participante. Con este gesto, nos ayudó a recordar todas las horas compartidas, y repasamos algunas de las canciones que habíamos cantado estos días, muchas de las cuales se repetirían a lo largo de las diferentes ciudades por venir.
La presó de Lleida
El cant de la Senyera
El saltiró de la Cardina
Els Segadors
Ball de Rams
Gavina Voladora
Amapola
Virolai
Di papa
Angelitos negros
Per tu ploro
El garrotín
Bésame mucho
Muñequita linda
Dos gardenias
Marieta de l’ull Viu
El vestit d’en Pascual
II. Girona. Cantando carteles

Atravesada por el río Onyar, la ciudad de Girona estaba preciosa. Un mural inmenso de un reptil con alas de mariposa me llamó la atención nada más llegar, y fui preguntando aquellos días hasta llegar a la leyenda de la cocollona (se dice que una monja encerrada en una torre se liberó de su cautiverio transmutando en esta criatura fantástica). Más mitos como el Cul de la Lleona (no es permet fer petons), un paseo por el Parc de la Devesa, y començem. Once hombres y mujeres participaron en el laboratorio de tradición oral que tuvo lugar en el CaixaForum Girona. Cada ciudad de nuestro itinerario cuenta con una sede como esta, un CaixaForum que es donde tendrán lugar, en la primavera, las presentaciones públicas en forma de concierto. Se sumó al proyecto Laura Llaneli, artista sonora que llamamos en calidad de acompañante-traductora para Girona y Tarragona. Compartimos muchas conversaciones entre las sesiones y, según aumentaba su confianza a cada día de laboratorio, iba proponiendo y matizando temas, contribuyendo con su propio punto de vista como joven catalana de origen andaluz.
Cambios de nombres, de apellidos y de lugares durante la dictadura, cómo y por qué se cambiaron de vuelta cuando estaba permitido. Como madrileño, cuanto más aprendía sobre «el conflicto catalán», más complejo me parecía. Como la disonancia entre dos recuerdos de juventud, una misma experiencia vivida y recordada desde dos posiciones muy diferentes, como la que generó una discusión acalorada entre dos de los hombres, y me hizo pensar en memoria y tensión. Recordamos las cosas como las vivimos, y eso perdura en el tiempo. Al segundo día se respiraba una mayor cohesión de grupo, y pudimos hablar de temas conflictivos sin alterarnos tanto. Realizar calentamientos y ejercicios de escucha ayudó. Volvió a salir el tema de mostrar o no la emoción en público, de si los hombres pueden o no emocionarse, y cómo todo esto viene condicionado por la educación que recibimos. La experiencia de una mujer que había migrado desde Colombia nos llevó a otras músicas memorables como la cumbia, el vallenato, el merengue o la salsa. Recordaron músicas de lejos como las de Elvis Presley, Quilapayún, Emilio Pericoli, Víctor Jara, Pablo Ortega, Violeta Parra, Mercedes Sosa, Agustín Lara, Luis Aguilé, Carlos Gardel, Juan Gabriel, ABBA, los Beatles, Simon & Garfunkel o Georges Moustaki… y también de cerca, como José Guardiola, Xavier Cugat, Ray Conniff, Mocedades, Joan Capri, Nuria Feliu, Emilio Vendrell, Mercedes Seros, Ray San Pere, La Trinca, Pi de la Serra, Josep Maria Espinàs, Ovidi Montllor, Marina Rosé, Guillem d’Efak, María del Mar Bonet y de nuevo Raimon, Lluis Llach o Guillermina Mota de la Nova Cançó. Por supuesto, las sardanas y las canciones infantiles. Me hablaron con orgullo de L’Escolanía –el coro de niños de Montserrat– y cantaron al unísono El virolai, igual que había ocurrido en Lleida. Resultaría ser, sin duda, una música memorable en todo el territorio catalán. De su infancia recordaban con cariño y asombrosa fidelidad las canciones para memorizar, la tabla de multiplicar o la de las preposiciones. Conversando sobre canciones publicitarias, les propuse jugar a cantar la exposición Carteles de la vida moderna. Los orígenes del arte publicitario, bajando una planta y habitando el edificio de otras maneras, algo insubordinadas.
«¿Molestaremos?», me preguntaron. Donde está prohibido hablar, ¿por qué no cantar? Según lo que nos inspirasen los carteles, solo cantando pero no hablando, y que el grupo se fuese sumando. Así surgieron asociaciones curiosas, coherentes e incoherentes, y riéndonos cultivamos un poco más esa valiosa complicidad que da el juntarse para escuchar sin necesidad de responder, o simplemente juntarse y cantar.
III. Tarragona. El último baile

Conocerse en un lugar con el que el grupo está familiarizado ayuda a cultivar el caliu, por eso comenzamos con dos tardes en l’Espai Caixa Sant Magí, un espacio para mayores que ya conocía nuestro grupo. El tercer día nos desplazamos a CaixaForum Tarragona, un cambio también estratégico, pues permitió al grupo conocer este lugar e imaginar dónde se desarrollaría la última fase del proyecto, aquel concierto primaveral del que les hablaba intentando ilustrar lo que teníamos por delante para inspirar sus relatos.
El grupo de Tarragona lo formaron dieciocho personas de 64 a 88 años, todas ellas pertenecientes a la coral St. Magí. A pesar de que no es necesario «saber cantar» (he hablado sobre esto profusamente en anteriores entradas de la bitácora), dio la casualidad de que varios grupos tenían una vinculación con el canto y yo mismo aprendí sobre la importancia y la historia de las corales en Cataluña. Recuerdos en torno a el cine y la radio vehicularon canciones y experiencias que conectaban con las ediciones anteriores de Músicas memorables, como la radio prohibida (la radio Pirenaica, a la que dedicamos una canción en la primera edición de Músicas memorables). Los seriales radiofónicos, escuchar el parte de las noticias, la capacidad de reconocer y seguir a diferentes locutores (recordaban con cariño la voz de María Matilde Almendros o la de Federico Gallo) y, por supuesto, las dedicatorias. Dedicarle a alguien una canción en la radio es un gesto de amor público a través del sonido, como cuando una participante le dedicó a su hija, quinceañera, el tema del Dúo Dinámico, Quince años tiene mi amor, que toda esta generación parece adorar. La música asociada al ligue nos llevó a recordar los guateques de antaño (a ellos dedicamos también una composición en Músicas memorables II), los bailes de cortejo, el ball de rams, la toya, el detalle, la flor… y la importancia del último baile, de la última canción, todo un ritual con recuerdos asociados (aunque ninguna tonada en concreto). La música también se vincula con la reivindicación, en este caso a través de la canción protesta, que estaba resultando ser uno de los temas recurrentes en esta edición. Hablamos sobre el simbolismo artístico y las formas de decir algo sin decirlo del todo, estrategias cruciales durante la época de la censura y las prohibiciones. Valoramos cómo el arte puede tener también esa función social y política. Surgieron relatos de integración, como la anécdota de Josep sobre los tres compositores de música catalana que eran de origen extranjero. Recuerdos de la dictadura traían a colación El plan marshall, relatos de queso y leche traída por los soldados estadounidenses, así como el concepto de Los hijos del camino (hijos ilegítimos de criadas y viajeros adinerados de la época). Hablamos del machismo imbricado en las letras, la sátira y la canción popular. Por su cercanía con Teruel y Zaragoza, el grupo me iluminó sobre la influencia y la migración de Aragón a Tarragona, no pudiendo faltar las jotas (en MM2, Zaragoza, hicimos también una versión libre de jota aragonesa). La coral se encontraba preparando un repertorio para las navidades, así que tuvieron cabida también las nadalas (villancicos catalanes). Como en todas las ciudades, surgía en algún momento un debate en torno a antes y ahora. Este grupo parecía compartir una visión casi distópica sobre el presente y «la pérdida del respeto», a mayores y a progenitores. Hablamos sobre la cultura del miedo y el bombardeo mediático al que también es sometido un grupo etario que consume noticias por ciertos canales. Medios y miedos. «Antes se hablaba durante la hora de la comida, ahora ya no nos comunicamos». Debatimos sobre la actualidad de los teléfonos móviles y cómo sentían que nos han aislado, sobre todo desde la pandemia de 2020. Recordaban con cariño el poder jugar en la calle, sin coches ni asfalto. Sentían que eso ahora no se podía hacer, que reinaba el miedo. Yo no sabía si estaba de acuerdo o si quería luchar contra esa idea. En los momentos más negativos, me encuentro falto de herramientas y a veces no sé cómo gestionar o redirigir la conversación. Me da la impresión de que a veces dulcificamos ciertas épocas y recuerdos porque ha sido nuestra manera de sobrevivirlos, riéndonos ahora de cosas que en su día nos hicieron daño. Tal vez esa sea una manera que encontramos de sanar heridas, de sobrevivir al trauma. Pero cuando hablamos de antes y ahora, muches dicen querer volver atrás… ¿será porque antes eran jóvenes y no tenían los problemas que tienen ahora (achaques, soledad no deseada, sentir que les han desplazado de los discursos de actualidad)? No lo sé. Cantar siempre nos ayuda a recuperar la alegría y a reencontrarnos, y una vez más surgieron nombres recurrentes como los de Antonio Machín, Elvis Presley, Guillermina Mota, el Dúo Dinámico, Georges Moustaki o Mocedades, entre muchos otros. Cristina, una maestra jubilada, era muy apreciada en el grupo pues reunía a sus coetánees alrededor del piano para recordar canciones como Angelitos negros, cantada por Antonio Machín, o Mirando el mar por Jorge Sepúlveda, una preciosa balada con la que nos deleitaron mientras respirábamos los aires del cercano Mediterráneo.
IV. Barcelona. Les dones

Nuestra última parada fue la capital de la comunidad catalana, que tantas veces había sido referenciada en los relatos desde Lleida, Girona y Tarragona. Esta vez lideré el laboratorio junto a Mamen Adeva, maravillosa compañera y parte del equipo de hablarenarte, la asociación cultural con la que concebimos y desarrollamos Músicas memorables desde 2018. En Barcelona fue imposible llevar la cuenta de quiénes asistieron y sus edades porque el primer día hubo un aluvión de participantes (inesperadas pero bienvenidas). Más de cuarenta mujeres ocuparon con sus voces y relatos el salón de actos del Centre Cívic Can Deu, inundado por la luz de sus enormes ventanales. El grupo se componía de les Dones de Can Deu –el grupo de mujeres del centro cívico que se reúne allí para charlar, comer y hacer excursiones– y algunas provenientes de la coral Can Nobel, que ensaya en el centro cívico cada lunes. Me enfrenté a la luz de la mañana y al volumen y la agitación del grupo improvisando un calentamiento narrativo: cerramos los ojos y sentimos el calor del sol sobre nuestros cuerpos, imaginando un paisaje cambiante con el que despertar las extremidades y nuestra voz, individual y colectiva, un calentamiento devenido en paisaje sonoro, jungla nocturna de pájaros y alimañas, playa siseante que amanece en calma. Abrimos los ojos y nos miramos, nos sonreímos, desde un silencio cómplice, no castigador. Es esencial generar confianza y cohesión desde la vulnerabilidad y la generosidad. El grupo tiene que confiar en nosotres y conocernos (un poco) antes de compartir algo tan íntimo como su canto y sus recuerdos. A veces quieren saber nuestras intenciones, o en este caso de dónde venimos, qué hemos estudiado… a dónde vamos a llevarlo. Encontrar la sensibilidad adecuada para responder a sus expectativas es, en parte, el arte de la mediación. Una lideresa natural de la comunidad comenzó a hablarme de Joan Amades y de la importancia del rigor, yo les expliqué que el enfoque no era academicista sino altamente subjetivo y extremadamente parcial. Que lo que quería era conocer las historias de este grupo, sus recuerdos fragmentados e incluso contradictorios entre sí. La emoción por encima del entendimiento, apreciar sin entender, la música como lenguaje. Unas campanadas irrumpieron en la sala a través de los ventanales abiertos y nos sobrecogieron, explicando todo aquello sin más palabras. Nos fuimos entendiendo.
Venía con ganas de preguntarles por la rumba catalana, y me hablaron de cómo Peret se había hecho muy famoso por darle la vuelta a su guitarra y percutir sobre la madera. El único hombre que vino aquel día dijo que «la rumba es del marido de Lola Flores, El Pescadilla. Era de aquí, de los gitanos de Gracia. Peret, que era gitano de Mataró, le copió». Este grupo tenía más relación con las habaneras, sobre las que también venía escuchando muchos relatos en las distintas ciudades. Me hablaron sobre su origen cubano, sobre la melancolía, el ritual del cremat (ron quemado) y me cantaron con pasión El meu avi, que también había surgido antes. María Victoria habló sobre los teatros de variedades –ella misma tiene un grupo de mujeres que hacen varietés–, listaron lugares de Barcelona como el Teatro Apolo, El Molino, El Arnau o la Bodega Bohemia, donde recordaban haber visto a artistas en decadencia que tendrían sus actuales edades.
El género es uno de los grandes temas en Músicas memorables, sin ir más lejos la gran mayoría de participantes han sido mujeres (en Barcelona, casi todas). Siempre pregunto por qué, para saber qué pensamos. Algunas de ellas son abuelas, y relataron su relación con sus nietas a través de la música: las nanas, las canciones infantiles y las nadalas. Se empezaba a entender que esto iba de emociones y recuerdos, a lo personal. Así surgió el señor de la gabardina, un recuerdo compartido pero solitario, el de ser acosadas por hombres que se exhibían desnudos ante mujeres y niñas, como una forma más de violencia contra las mujeres que había sido normalizada. Lo recordaban riéndose, «¡Alguno no tenía mucho que enseñar!», y reflexionábamos sobre cómo ha cambiado el discurso en torno a la violencia de género en los últimos cincuenta años. Pensando en los bailes y los guateques, volvieron a surgir anécdotas sobre la escoba o el farolillo y claro, los roles de género en el propio baile y sus formas de socialización. Las chicas esperaban a ser elegidas, los chicos eran quienes elegían con quién querían bailar. Envidias y estrategias. «El baile del farolillo duraba lo que tardara en apagarse. Era de papel, lo comprabas y se iba quemando. Aún lo hace la gente joven con otras músicas, pero son más tacaños (risas)». Antes el baile era por parejas –el baile agarrado–, mientras que ahora el baile es individual. Recordaban el movimiento Yé-Yé, fugaz pero transgresor: el pelo largo, las minifaldas… canciones de Los Sílex, Los Pequeñicos, Los Mustang, Adamo, Los Beatles, el Dúo Dinámico, Françoise Hardy, Charles Aznavour, Pino Donaggio… Algunos hombres recordaron cómo veían en esas melenas una auténtica transgresión, sobre todo en el contexto del servicio militar obligatorio de la época.
El segundo y tercer día, ya con un grupo más reducido, pudimos ahondar en nuevos temas. Fe, lideresa del grupo que prepara sus conferencias habitualmente, aportó datos históricos sobre la literatura de caña y cordel (una forma de control y adoctrinamiento a través del refranero), los ejercicios espirituales y Los coros Clavé, origen de la extendida cultura de corales en Cataluña. María Victoria explicó que Les Dones de Can Deu empezaron explorando con el Customari catalán. Eulalia apareció con el libro Cançoner de tothom que contiene letras, partituras y genealogías de canciones tradicionales catalanas. Lo ojeamos con interés, pero volví a aclarar que lo que buscaba por encima de todo era escuchar sus recuerdos personales. Alguien encendió la chispa para que cantaran Quince años tiene mi amor, y aquello detonó historias preciosas. Amores de juventud, amores infantiles, amores perdidos o aquellos que no se permitieron continuar. Hoy se preguntan, en ocasiones, ¿qué habría sido si…? Algunas compañeras ofrecieron su ayuda para buscar a aquellos muchachos, por Facebook o por las redes de los pueblos. «Nosotras te ayudaremos a encontrarle».

Esta bitácora bebe de las guías de escucha que generé a partir de mi grabadora y mi cuaderno de notas durante aquellas semanas, intensas y fascinantes, en las que desarrollamos los laboratorios de tradición oral. Digitalicé y limpié mis registros para este escruto y para la fase siguiente: la residencia de escucha y creación. En Planta Alta, el espacio de residencias artísticas de hablarenarte, junto a les artistas catalanoparlantes Anna Ferrer y MANS O, trabajaremos a partir de todo el material recopilado (esto no es más que un resumen). Juntes, generaremos un repertorio de versiones, variaciones y composiciones inéditas para, en la primavera de 2023, (re)encontrarnos con los grupos y compartir con cada ciudad una presentación pública, un concierto único con momentos de participación de cada grupo que lo originó todo. Será precioso.
